Lumbini: el nacimiento de Siddharta

“Tan pronto como nació, el Bodhisatva descendió a la tierra; y desde el interior de la tierra surgió un gran loto para recibirlo. Los reyes nagas Nanda y Upananda mostraron la parte superior de sus cuerpos en la gran expansión del cielo, haciendo que manaran dos corrientes de agua, una caliente y otra fría, para bañar al Bodhisatva; y a continuación Sakra, Brahma,  los Guardianes del Mundo, y cientos de miles de dioses bañaron al Bodhisatva, lo rociaron con agua perfumada y esparcieron pétalos de flores sobre él”.

“En el aire aparecieron un parasol enjoyado y dos abanicos encima del Bodhisatva, quien permanecía sobre un gran loto contemplando las diez direcciones con la mirada de un león, con la mirada de un gran ser.

Oh, monjes, el Bodhisatva miró con el ojo divino surgido de la maduración completa de las raíces de virtud acumuladas previamente. Con el ojo divino sin obstrucciones él vio completamente los tres mil millones de mundos, con sus ciudades y aldeas, sus provincias, capitales, y reinos, y también a todos los hombres y dioses. El conocía perfectamente el pensamiento y la conducta de todos los seres; y conociéndolos, vio que no había nadie comparable a él en el gran macrocosmos de tres millones de mundos en conducta virtuosa, disciplina, absorción meditativa, y sabiduría”.

“Lo mismo que un león sin temor, el Bodhisatva recordó el pensamiento de bondad que está libre de ansiedad, aprehensión, o terror. Conociendo los pensamientos y la conducta de todos los seres, el Bodhisatva dio por sí mismo siete pasos hacia el este, y dijo: “Yo caminaré al frente de todos los fenómenos que tienen a la virtud como raíz”.

Conforme caminaba, sobre él flotaba un gran parasol blanco y dos abanicos reales; y bajo él surgían lotos en cada sitio en el que posaba el pie”.

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“El Bodhisatva dio siete pasos hacia el sur, y dijo: “Yo seré digno de las ofrendas de dioses y hombres”. Dando siete pasos hacia el oeste, como un león bien satisfecho, dijo: “Yo soy el ser supremo en el mundo, pues este es mi último nacimiento; yo pondré fin al nacimiento, vejez, enfermedad, y muerte”. Dio siete pasos hacia el norte, y dijo: “Yo seré el inigualado entre los seres”. Dando siete pasos más, miró hacia abajo, y dijo: “Yo destruiré a Māra y su ejército. Apagaré los fuegos del infierno con la lluvia de la gran nube del Dharma, llenando de alegría a los seres infernales”. Dando siete pasos finales, miró hacia arriba, y dijo: “Todos los seres me mirarán”.

“Monjes, en aquel tiempo todos los seres estaban tan deleitados que los vellos de sus cuerpos se erizaron de placer. También hubo un aterrador terremoto, el cual hizo que sus cabellos se irguieran; los címbalos y los instrumentos de dioses y hombres sonaron sin que nadie los tocara. En aquel tiempo, en todo aquel gran macrocosmos, todos los árboles florecieron y dieron fruto, aunque no fuera la estación.

De la expansión del cielo puro se oyó el sonido de un trueno, y de un cielo sin nubes los dioses hicieron que cayera una fina lluvia mezclada con flores celestiales coloreadas, paños, ornamentos, y polvos de incienso. Comenzaron a soplar vientos suaves y fragantes, deliciosos y refrescantes. Todos los lugares tenían una apariencia serena y luminosa, libres de la oscuridad, polvo, humo, y niebla”.

Lalitavistara Sutta

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